No solo moda: el slackline como desafío entre mente y cuerpo
Respira. Abre los brazos. Pon un pie delante del otro y sigue así durante al menos 50 metros.
Para muchas personas estos gestos pueden parecer sencillos, pero para otras muchas realizarlos equivale a practicar un deporte. En este caso sería muy fácil tomar partido y decir que dar un simple paseo de unos pocos metros no puede ser un deporte. En efecto, es algo distinto. Es un arte. Sobre todo si esos gestos tan simples se hacen en equilibrio sobre una cinta de pocos centímetros de ancho suspendida en el vacío.
Slackline: en equilibrio sobre tus propios sentidos
Corrían los años 80 cuando en California dos chicos se divertían caminando en equilibrio sobre una cuerda suspendida en el aire. Probablemente nunca habrían imaginado que años después esa cuerda se sustituiría por una cinta y aquel juego suyo se convertiría en una disciplina practicada en todo el mundo. Pero ¿de qué estamos hablando exactamente?
El slackline, que literalmente significa «línea floja», no encaja con exactitud en términos clásicos como «deporte», «arte» o «disciplina», o quizá los representa a todos. Básicamente, lo que se hace es caminar sobre una cinta cuyo ancho suele variar entre 2,5 y 5 centímetros. Esta se fija a dos puntos de anclaje de distintas alturas, según la especialidad que se practique, desde los 50 cm del suelo hasta la cima de una montaña, con el vacío bajo los pies.
Según tus habilidades y tu temeridad, puedes decidir si hacer saltos aterrizando cada vez en equilibrio sobre la cinta, realizar caminatas de incluso cientos de metros, o bien hacer un recorrido más corto pero en precario equilibrio a alturas vertiginosas, como en la cima de una montaña.
¿Entonces? ¡Funambulismo! No exactamente: en el slackline no está permitido usar pértigas ni ningún otro objeto que dé más equilibrio. El truco existe, pero está en otra parte.
El secreto del slackline
Nuestro cuerpo está plagado de receptores que nos permiten percibir el mundo exterior. Algunos sirven para sentir calor o frío, otros nos hacen sentir dolor y otros sirven para saber cómo está colocado nuestro cuerpo en el espacio.
De todas las zonas del cuerpo, el pie es la más rica en un tipo particular de receptores llamados «propioceptores», cuya misión es proporcionar feedback (información de retroalimentación) sobre los movimientos que el cuerpo realiza en cada instante.
El pie es la parte con mayor densidad de propioceptores: los tenemos en el talón, en la cabeza de los metatarsianos, en el dedo gordo, etc. Esta gran cantidad de información, que se recoge y se procesa en tiempos cercanos a cero, sirve para crear mecanismos de gestión y control de los distintos segmentos corporales con el fin de mantener estable el centro de gravedad y evitar que perdamos el equilibrio.
Así que no hay trucos, no hace falta ningún equipamiento específico para practicar esta disciplina, lo que se necesita es un control sencillo y total del propio cuerpo.
¡Encuentra tu equilibrio!
Mientras que en muchos deportes, además de la técnica, a menudo se considera fundamental una determinada estructura física, en el slackline lo que cuenta no es la forma ni el tamaño de nuestro cuerpo, sino cómo somos capaces de gestionarlo.
Por tanto, es indispensable tener, o aprender, un gran dominio de los movimientos básicos, y sin duda hace falta una buena movilidad articular pero también una gran estabilidad, especialmente en los tobillos y en el core. Estas aptitudes se pueden aprender simplemente practicando slackline con regularidad, pero también son propias de quienes practican distintos tipos de deporte, incluso muy diferentes entre sí, como la escalada, la danza o las artes marciales. Sin embargo, hay un componente que muy a menudo no se menciona cuando se habla de deporte y que en este caso es tan importante como adquirir la técnica correcta: el control de las propias emociones y la capacidad de centrarse en lo que se está haciendo en ese preciso instante.
Si es verdad que nuestros pies están llenos de sensores capaces de avisarnos de cualquier mínimo desplazamiento que ocurra a su nivel, también es verdad que debemos estar lo bastante concentrados para reaccionar de forma rápida y precisa a cada microinformación que recibamos instante tras instante.
¿Cómo prepararse de la mejor manera para esta extraordinaria disciplina?
1. Prepara tu cuerpo por fuera.
Como en cualquier actividad física, el slackline también requiere un mínimo de preparación. Esta se dirige sobre todo a pies, tobillos y core. Conviene entrenar la flexibilidad, la movilidad y la resistencia de los músculos y de la articulación del tobillo. Este es uno de los pocos casos en los que herramientas como los discos y las tablas propioceptivas pueden resultar realmente útiles.
2. Prepara tu cuerpo por dentro.
Como en cualquier actividad deportiva, la alimentación desempeña un papel fundamental. Cuando caminas sobre unos pocos centímetros de cinta, suspendido incluso a decenas de metros del suelo, o cuando realizas evoluciones de todo tipo, no puedes arriesgarte a no tener el apoyo adecuado de los nutrientes incorporados a través de la alimentación. Es un tema altamente específico que Eathlon® será capaz de analizar hasta el más mínimo detalle, encontrando soluciones personalizadas para cada persona y cada necesidad concreta.
3. Prepara la mente.
La concentración en el slackline es tan importante como el físico. Las personas que practican disciplinas como el yoga y la meditación se encontrarán sin duda en ventaja. Todas las demás tendrán que aprender poco a poco a conectar cada vez más su físico con su mente.
Muchas veces, incluso exagerando, se dice que la vida o el destino de muchas personas pende de un hilo. Si fuera literalmente cierto, quien practica slackline no tendría miedo de esta afirmación, ¡sino que usaría ese hilo para entrenar!
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Autor
FABRIZIO MONTICONE
Docente federal y certificador FIPE – CONI, está especializado en la biomecánica de los ejercicios y se dedica a la formación de instructores y entrenadores personales. Colabora como Master Trainer con importantes empresas internacionales, entre ellas Technogym.