Fruta y verdura de temporada

Cesta de fruta y verdura de temporada

Que la fruta y la verdura son buenas para la salud es algo que sabemos, todo el mundo nos lo dice, pero ¿por qué es tan importante dar preferencia a las de temporada? ¿Qué diferencia hay entre las de temporada y las de fuera de temporada?

La fruta y la verdura de fuera de temporada se cultivan en invernaderos con luz artificial, se recolectan verdes y se llevan a la madurez en cámaras frigoríficas. El hecho de no madurar en la planta impide que los vegetales se enriquezcan de nutrientes importantes, sobre todo vitaminas, de las que por eso resultan pobres. Además, en la mayoría de los casos estos productos se transportan durante muchos kilómetros, lo que se traduce en un fuerte aumento de los costes para el consumidor.

Los productos de temporada alcanzan la madurez completa de forma natural, gracias a la luz del sol, por lo que son mucho más ricos en vitaminas, sales minerales y fitonutrientes, que los hacen más sabrosos y más saludables.

Pero lo extraordinario es que los nutrientes de los que son ricos son exactamente los que nuestro organismo necesita en ese momento concreto del año. Me explico mejor: durante el invierno maduran las coles, las coliflores, el brócoli, las acelgas, las espinacas, las uvas y los higos, ricos en calcio y vitamina K, importantes para la salud de huesos y dientes. En invierno, de hecho, reducimos la exposición al sol, así que para mantener fuertes nuestros huesos y nuestros dientes necesitamos tomar más calcio y vitamina K con la alimentación. Además, en los meses fríos la naturaleza nos ofrece kiwis, naranjas, mandarinas, limones, manzanas y peras, ricos en vitamina C, que refuerzan nuestras defensas inmunitarias y nos protegen de los males típicos de la estación fría, como el resfriado y la gripe.

En verano, cuando nuestro organismo necesita más hidratación a causa del calor y de la sudoración, encontramos sandía, melón, ciruelas, melocotones, cerezas, albaricoques, fresas y frutos del bosque, junto con tomates, berenjenas, calabacines y pimientos, ricos en agua y en sales minerales. Estos vegetales contienen además carotenoides que protegen nuestra piel y nuestros ojos de los daños causados por los rayos del sol.

Lo que acabo de enumerar es solo una parte de los muchos efectos beneficiosos de la fruta y la verdura de temporada, que contienen cientos de sustancias protectoras (anticancerígenas, antioxidantes, fortalecedoras del sistema inmunitario) que se potencian unas a otras, es decir, actúan en sinergia para proteger nuestro organismo y mantenerlo sano.

Por eso tiene poco sentido sustituir la fruta y la verdura por comprimidos y multivitamínicos. Por poner un ejemplo práctico, comer una naranja no es comparable a tomar un comprimido de vitamina C: está demostrado, de hecho, que, con el mismo principio activo, el efecto sobre nuestro organismo es más potente si se come la fruta fresca, precisamente por este mecanismo de «potenciación» que aportan las otras sustancias protectoras presentes en la fruta.

Acostumbrémonos, por tanto, a comer fruta y verdura todos los días, compremos productos de temporada, preferiblemente procedentes de productores locales, para abaratar los costes y reducir el tiempo entre la recolección y el consumo y, si es posible, ecológicos, para poder comer todas las partes de la fruta.

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